Luis Díaz: Jorge Barraza analiza el título de la FA Cup del Liverpool

La Guardia Real de la Reina, la que vestía uniformes rojos y enormes sombreros de piel negra calados hasta los ojos, ocupó el campo de juego mientras la cantante londinense Raye cantaba God Save the Queen. Y 90.000 espectadores en el imponente Wembley Stadium no del todo silenciosos, los hinchas del Liverpool silbaron el himno.

Con motivo de su 150 aniversario, una fabulosa puesta en escena abrió la final de la Football Association Cup, la famosa FA Cup, la competición de fútbol más antigua del mundo. En 1872 cuando empezó no había copas del mundo ni ligas de campeones ni ligas, fue el primer intento formal de competir entre clubes. Luego vino todo lo demás. Solo que no se discutió durante las dos guerras mundiales. Participan setecientos veintinueve equipos, incluidas las categorías amateur. Quiero decir, realmente representa a toda Inglaterra. Tal tradición es venerada, razón por la cual, a diferencia de otros países, el ganador de la copa se ubica en el fútbol inglés bastante cerca del campeón de la liga. Ella no es una hermana pequeña.

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Como en la Copa de la Liga -segunda en importancia-, Liverpool y Chelsea han llegado a la final en el escenario histórico. Como en esta ocasión -27 de febrero- jugaron duro, igualaron 0-0, se fueron a la prórroga y tiros a puerta. Y, como entonces, el Liverpool se coronó con los doce pasos. En catorce penales, la mayoría de ellos maravillosamente ejecutados, el club de los Diablos Rojos se impuso por 6-5. La habitual angustia de los tiros a puerta sirvió para premiar a un campeón y para dar emoción a la coronación. Y no es que antes faltaran emociones, hubo muchas situaciones de gol, solo faltó precisión, elemento clave de este partido.

Ahora, hay que tirar bien los penaltis, sino los guardan los porteros. Son atléticos, estudian pateadores, ensayan mucho. Di Stéfano dijo que en su época los goles de penalti no se celebraban porque era demasiado fácil marcarlos. “Te das la vuelta y te vas al centro de la cancha sin gritar”, recordó Alfredo. Los porteros apenas se movían, un tiro seguro, hasta un punto, y era gol garantizado. Actualmente, el tiro que no sale fuerte o a córner es un postre para los porteros. Salvo que los martilleros sepan fintar bien, como les pasa a los que se animan a hacer una Panenka. Tras la serie y con el campeón del Liverpool, Jürgen Klopp no ​​dejó de abrazar a Sadio Mané; fue él quien falló el único tiro del campeón. Pero Alisson lo salvó cubriéndolo hasta Mason Mount.

El príncipe Williams y Debbie Hewitt, la primera mujer presidenta de la Asociación Inglesa de Fútbol en 158 años, entregaron el trofeo al capitán del Liverpool, Jordan Henderson, un feroz guerrero de batallas cuesta arriba. Es la segunda corona de la temporada para el cuadro rojo, ahora se enfrenta al Real Madrid por la Champions League el 28 de mayo y está esperando una derrota ante el Manchester City para ver si puede encadenar también la Premier League, pero fue difícil para él. El City le quitó tres puntos y siete goles a falta de dos partidos para el final. Klopp buscaba el cuádruple, como mucho se tendrá que conformar con tres.

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El gran momento de Luis Díaz

Liverpool y Chelsea son mellizos de presión, se atragantan, por eso les cuesta entenderse. Sin embargo, hubo muchas llegadas peligrosas de ambos. Y lo más claro estaba en sus pies Luis Díaz, gran figura en la primera parte. Alexander Arnold le dio un pase de tres dedos de primera, un lujo, y lo dejó solo frente a la portería; Lucho se zambulló bien, aprovechando, como es su virtud, dominó, entró al área y definió rápido, pero el balón, entre las piernas de Mendy, paró y eso permitió que la defensa del Chelsea empujara hacia atrás. El colombiano se metió a espaldas de Chalobah, en el hueco entre él y James, y allí hizo estragos, pero aún así falló el toque final, la precisión cinco centavos a la red. Sin embargo, a los 8 minutos ya era la figura del partido con sus corridas por la izquierda, sus fintas, sus regates y sus centros.

En la segunda parte también fue factor de alto riesgo para los de Tuchel, y lo intentó varias veces desde la frontal del área, pero no fue su tarde para marcar. En la prórroga, Klopp lo reemplazó por Firmino, que estaba perdiendo frescura física y ya no ganaba en boxes, pero con su propiedad y sus movimientos eléctricos y bruscos confirmó que es uno de los favoritos del técnico alemán y que depende de Mane y Salah. Incluso todos los compañeros le buscan con el pase más a él que a los otros dos. Un síntoma confiable de estos. Si recibía el gol, era la cara del campo. Era la misma cosa.

Fue una lucha implacable. Klopp aventaja a su compatriota Thomas Tuchel con una ventaja de 10-3, pero le cuesta ganarle. Y el Chelsea tuvo varias buenas ante la portería de Alisson. A Pulisic le pasó lo mismo que a Luis Díaz: fue figura, se desequilibró, no le dieron el grito sagrado y luego se agotó, hasta que fue reemplazado.

El Liverpool llevaba treinta años sin ganar la Premiership, trece sin ganar la Champions League y dieciséis sin ganar la FA Cup. Eso es todo: Klopp le devolvió todo.

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