uruguayo | Gol.com

Nombre completo, Luis Alberto Suárez Díaz. Profesión, delantero centro. ‘Apodo’ Francotirador Salto. Luisito se despidió del Metropolitano como es, un gran futbolista mundial. Ungido en la pócima de la marmota de los lentes y bendecido con el devastador poder de “vacunar” los lentes de los demás, Luis se fue con su mito, leyenda y dignidad intactos. La vida le dio un beso en la boca al Atleti cuando Bartomeu, que aún no tiene una placa en la marcha de leyendas como Luis, decidió regalar al mejor delantero centro recordado por generaciones de barcelonistas. Una llamada telefónica, un minuto y cientos de objetivos de basurero. Hubo quienes aplaudieron esto y creyeron que tal abuso no tendría efectos secundarios. Como los que olvidan la historia están condenados a repetirla, pasó lo que pasó. El Barça le dio al Atleti lo que no tenía, un gol. No había que ser demasiado listo para adivinar que Luis Suárez, junto al Cholo, tendrían la cara de David Villa. Dicho y hecho. Uruguayo.

Suárez, acusado de viejo, gordo y cojo, se alimentaba de esta injusticia, se justificaba sobre el césped y con Simeone descubrió el verbo favorito de esta casa, sufrir, mientras conquistaba un merecido título en el trono de Neptuno. Fuera del palco, ‘Miss Daisy’. Dentro del área, ‘Terminator’. En el imaginario atlético, aquel gol agónico ante Osasuna, que valió media Liga. Y como propina, esa misma cantidad que gritó la tribu deportiva, celebrando una buena jornada de caza, sellando la vuelta y el título a Pucela. Suárez lo mandó a guardar para reescribir la historia. Uruguayo.

See also  Tadej Pogacar gana la tercera etapa de la Vuelta a Eslovenia – Ciclismo – Deportes

Un año después, el pozo se secó, el contexto del equipo lo condenó y aunque siguió ‘cargando’ de vez en cuando, su papel pasó de decisivo a secundario. Fútbol, ​​vida. El curso de los acontecimientos. Y ahí, Suárez, mostró su grandeza. Habló con Simeone de hombre a hombre, respetó los códigos no escritos del fútbol, ​​asumió su condición y siendo una estrella se preguntó qué podía hacer él por el Atleti y no qué podía hacer el Atleti por él. Supo interpretar su situación, adaptarse a su nueva realidad, dar un paso atrás y saber pasar de hombre de Liga a jugador de equipo. fácil de decir difícil de hacer. uruguayo.

A sus 34 años y con una “pierna de palo”, fue decisivo para ganar la Liga y demostrar que no estaba acabado. A 35 posiciones y kilómetros de la zona, consiguió no dar problemas y ponerse al servicio del equipo. Estos goles inolvidables merecen eterna gratitud. Su loable sacrificio merece respeto. Y los dos, sumado y ligado entre sí, merecieron la despedida que el Metropolitano al estilo que le dio la gente del Atleti. Una gran despedida, llena de cariño y sobre todo de agradecimiento. uruguayo.

(Visited 1 times, 1 visits today)